Tierras del sur al completo

Delta de l’Ebre, Massís dels Ports, el vino de El Priorat, el aceite de Siurana… Diez días para recorrer el patrimonio natural, cultural y gastronómico de la Cataluña del sur, con el río Ebre como paisaje perenne.

Día 1: El Delta interior

El primer día comienza con un paseo por el barrio judío de Tortosa de la mano de Blanca, personaje que rememora su vida en la Alhama del siglo XV, el gran monumento de la ciudad. Sus cantos y poesías sefardíes, y la degustación de vino kosher te trasladaran a la vida de otros tiempos en las tierras altas del Delta del Ebro. Esta visita teatralizada, repleta de sensaciones, se hace al atardecer.

Vista aérea de Tortosa. Miguel Raurich

Vista aérea de Tortosa. Agència Catalana de Turisme / Miguel Raurich

Después te acercas hasta La Sénia, en la frontera con Castellón, para conocer la historia de el campo de aviación. Su situación estratégica lo convirtió en uno de los más activos durante la Guerra Civil. Los republicanos lo construyeron el 1937 allanando un campo de olivos. Muy pronto los locales observaron fascinados la llegada de los primeros aviones Polikarpov y Katiuskas, destinados a bombardear el frente fascista de Castellón y Valencia.

El día puede terminar en Ulldecona, con una visita al Centro de Interpretación del Arte Rupestre Abrics de l’Ermita, con valiosas pinturas rupestres conservadas. Para la comida, reserva en el restaurante Les Moles d’Ulldecona, con un menú que se come al revés, empezando por el postre. El establecimiento tiene una estrella Michelin por su cocina innovadora.

Día 2: Patrimonio histórico y natural

Descubre cómo vivían los iberos en el poblado La Moleta del Remei, en Alcanar, para empezar el segundo día. Fue habitado del s. XII al II a.C hasta que los locales se trasladaron a la llanura del Ebro con la llegada de los romanos a la zona.

Sigue con una visita guiada por el castillo de Amposta, importante punto de defensa de la ciudad desde la Edad Media. Tiene una situación privilegiada para controlar el paso del Ebro. La construcción es bien cultural de interés nacional y se ubica justo al lado del mítico Puente Colgante de Amposta.

Vamos a remangarnos! Un safari ecocultural te mostrará los ecosistemas del Delta y los modos de vida tradicionales en la zona. Has tenido la suerte de cruzarte con la colonia de flamencos del Delta? Las rutas de Delta Polet son una fórmula familiar y próxima de conocer estos parajes con la garantía del máximo respeto por la naturaleza.

Delta2 : Mauricio Ribeiro compr

Flamencos en el Delta de l’Ebre. Agència Catalana de Turisme / Rosiel d’Assumpçao

Para acabar nada mejor que probar uno de los productos del mar más apreciados de esta zona. Primero puedes bañarte rodeado de atunes rojos en las piscifactorias a unos metros de la costa y después hacer una completa degustación de sus carnes en L’Ametlla de Mar. La nota final perfecta a un día muy completo.

Día 3: Del río a la guerra

Bajamos el curso del Ebro desde Flix, con ocasión de dar un paseo por la Reserva Natural de Sebes. Es un espacio fluvial donde la nula actividad humana ha favorecido el crecimiento de un interesante ecosistema de fauna y flora de ribera. Distintos itinerarios permiten una caminata relajante por esta zona de humedales.

Una de arquitectura y vinos. La monumentalidad de las bodegas construidas a finales del siglo XIX e inicios del XX siguiendo los preceptos modernistas les ha valido la denominación de “Catedrales del vino”. En La Terra Alta visita las bodegas de El Pinell de Brai o Gandesa. Su imponente arquitectura te dejará con la boca abierta, sus vinos te obligaran a cerrarla.

corbera d'ebre : Rafael López-Monné

Poble Vell de Corbera d’Ebre. Agència Catalana de Turisme / Rafael López-Monné

Si queda tiempo, vale mucho la pena recordar uno de los episodios más negros de estas tierras. Para que no vuelva a ocurrir. El Poble Vell de Corbera d’Ebre es testigo directo de la batalla más sangrienta de la Guerra Civil española, la Batalla de l’Ebro. Las casas del pueblo y la iglesia de San Pere quedaron destrozados por las bombas y así se exhiben, intactas, más de 75 años después. El silencio es lo que se respira todavía después de la guerra.

Día 4: Picasso y sus paisajes

Cuarto día. Las huellas de Pablo Picasso en Horta de Sant Joan te llevarán a uno de los Paisajes de los genios, rutas que vinculan distintos escenarios con grandes artistas que crearon en estas tierras. El Centro Picasso de Horta pretende ser un homenaje al pintor y reunir la reproducción de sus obras más destacadas vinculadas al pueblo y al Massís dels Ports. “Todo lo que sé lo aprendí en Horta”, pronunció Picasso.

Una vez te has imbuido de la representación pictórica de las montañas de Els Ports de Beseït, que mejor que pisarlas en una ruta de senderismo? Barrancos, riachuelos, bosques frondosos o altiplanos… La cordillera es una de las grandes joyas naturales de Cataluña y los itinerarios que puedes hacer son tan diversos como diversos los caminantes. Quieres acabar la ruta en una preciosa piscina natural entre rocas? En la oficina de Turismo de Horta te indicaran las varias opciones, con el Toll del Vidre como poza natural estrella.

Rocas de Benet desde el camino al Mas de la Franqueta en el Parque Natural dels Ports. Agència Catalana de Turisme / Miguel Raurich

Rocas de Benet desde el camino al Mas de la Franqueta en el Parque Natural dels Ports. Agència Catalana de Turisme / Miguel Raurich

Día 5: El Delta en toda su plenitud

Ideal situar en el ecuador del viaje una aproximación al Parque Natural del Delta de l’Ebre en toda su extensión. Carga la batería de la cámara de fotos porque nos vamos de Safari fotográfico para observar aves acuáticas. Són cuatro horas de excursión acompañados de un guía experto en ornitología por los mejores lugares para el birtwatching. En Natura y Aventura te proporcionan unos prismáticos individuales y puedes mirar a través de un telescopio terrestre para grandes distancias las aves más de cerca.

Ha quedado una tarde perfecta para un poco de actividad. En la laguna marina que queda entre la enigmática Barra del Trabucador –una largísima lengua de arena con mar a ambos lados- y la costa de Sant Carles de la Ràpita suelen divertirse los kitesurfers. El viento constante y la ausencia de olas favorece las piruetas más atrevidas. Si no lo has probado nunca, ahora es el momento. Hay cursos de iniciacion al Kite para principiantes. Si te apetece un deporte algo más relajado prueba el windsurf o el paddle surf.

Día 6: Calçots y clotxa

Después del ajetreo de los días previos, el sexto día toca un autohomenaje culinario. Y si hablamos de gastronomía en tierras de Tarragona es pertinente señalar como mínimo dos platos. Los calçots, esta cebolla alargada que siempre debe ser acompañada con la salsa romesco –cada maestrillo tiene su librillo a la hora de elaborarla-, y la clotxa, un plato típico de los labradores de la zona del Ebro con sardina, tomate, ajo y cebolla –y que originalmente se sirve en un pan de payés vacío por dentro-. Muchos restaurantes de la zona los sirven, y seguro, se podrán acompañar con delicias de la cocina marinera. Apúntate, per ejemplo, el restaurante del camping de Riba-roja d’Ebre para probarlas.

La economía del Ebro esta centrada en el río pero también en la producción de energía. Ascó y Vandellós son dos centrales nucleares que albergan estas tierras y dan trabajo a muchos lugareños. Vale la pena una visita al Centro de Información de la Central Nuclear de Ascó para conocer como se produce la energía en esta vital infraestructura del país.

Calçots a la brasa. Agència Catalana de Turisme / Lluís Carro

Calçots a la brasa. Agència Catalana de Turisme / Lluís Carro

Día 7: Del agua al vino

Viajamos hacia el este hasta el pantano de Guiamets, un bonito entorno para dar un paseo en barca o en kayak. Incluso se organizan por sus alrededores talleres de fotografía de naturaleza muy indicados para mejorar la calidad de nuestras instantáneas de viaje.

Hora de adentrarnos en la tierra del vino, El Priorat. Y escojemos la bodega Capçanes, con su singular apuesta por los vinos producto de viñedos viejos en lo alto de la Serra del Montsant. Podemos catar alguna de sus botellas e incluso su vino kosher, y disfrutar de una ruta a caballo entre sus viñedos.

Día 8: El castillo de Miravet

Fija el rumbo hacia el conjunto medieval de Miravet con un objetivo bien claro: subir hasta su castillo templario. La imponente fortaleza está rodeada por una infranqueable muralla de 25 metros de altura. Las vistas de los meandros del Ebre son desde aquí espectaculares.

Miravet : Servicios Editorials Georama

Miravet desde el río Ebre. Agència Catalana de Turisme / Servicios Editorials Georama

Acaban los días del viaje y no puedes volver a casa de vacío. La buena gente del taller Pedrola Avante de Miravet son alfareros desde hace tres generaciones. Su punto de venta en Miravet presenta objetos de arcilla para jardinería y también para el hogar. Son garantía de trabajo manual y meticuloso porque se hacen cargo del taller dos hermanos que son maestros artesanos.

Día 9: La Vía Verde en bici

Las vías del “Sarmentero”, el ferrocarril que circulaba entre Teruel y Tortosa, dejaron de ser útiles en 1973. Su trazado se ha recuperado como vía verde y es un privilegiado paseo para las bicicletas entre el Parque Natural de Els Ports y el Parque Natural del Delta de l’Ebre. Tienes 100 kilómetros de recorrido entre bosques de pinos, campos de olivos, almendros y viñedos para disfrutar a ritmo de pedal de los bellos paisajes de Tarragona. Si te decides a hacerlo por etapas, la estación de Benifallet ha sido reconvertida en alojamiento y restaurante para atender a los ciclistas y visitantes. Varias empresas alquilan bicis y te recogen en distintos puntos de la ruta.

Día 10: La ruta del aceite

No seria justo acabar esta inmersión en tierras de Tarragona sin sumergirse en la cultura del aceite. La cooperativa de El Masroig ofrece visitas a la finca y su molino de aceite. Elaboran su producto sólo con la variedad arbequina y a través de un proceso exclusivamente mecánico y en frío. El aceite resultante goza de la etiqueta de la DO Siurana y ha obtenido destacado prestigio internacional.

Por último, una joya. En un campo de La Galera se conservan 40 olivos milenarios. Es el conjunto de olivos de mil años de antigüedad más anciano y numeroso de la península ibérica, y probablemente del mundo. El arte natural de sus troncos y raíces es apreciable en la ruta por el Museo Natural de los olivos milenarios del Arión. Dos de los ejemplares han sido catalogados como “Árboles Monumentales” por la Generalitat de Cataluña y pese a su baja producción de aceitunas, luchan por sobrevivir año tras año. En el Molí de la Creu son capaces de elaborar aceite con sus frutos, obteniendo así un líquido dorado único en el mundo.

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