La auténtica naturalidad de Beget

El tiempo parece detenerse en Beget, un pueblo con encanto de los Pirineos de Cataluña. Su autenticidad se debe en parte a su herencia arquitectónica, importante a pesar de ser un pueblo tan pequeño, y también a su encanto natural, rodeado por la belleza paisajística del valle de Camprodon.

Una jornada de cuento en Beget empieza caminando por las calles empedradas, atravesando sus dos puentes románicos y observando las casas con sus característicos balcones de madera. Estas casas, junto con la naturaleza que rodea el pueblo, recuerdan la imagen tradicional de los pesebres.

Lo primero que verás de esta villa medieval de sólo 20 habitantes es el campanario lombardo de cuatro pisos. Pertenece en la iglesia románica de Sant Cristòfol, que está abierta al público. En el interior se conserva la Majestat de Beget, una talla de madera policromada del siglo XII de casi dos metros de altura, y también retablos barrocos y góticos.

En su entorno natural se pueden realizar varias rutas de senderismo. Una de ellas, es la ruta Beget-Rocabruna, un itinerario circular de 13 km entre los dos pueblos que sigue los antiguos caminos de contrabandistas. Si vas a Beget en familia, muy cerca se encuentra el Molló Parc, un refugio de fauna salvaje de animales de los Pirineos de Cataluña. Aquí viven en semilibertad 31 especies de animales autóctonos: osos, marmotas, rebecos, zorros, entre otros.

Aprovecha para probar la gastronomía de montaña en los restaurantes del pueblo. Los embutidos artesanales y la trumfa (patata) del valle de Camprodon son dos grandes embajadores de la zona, con permiso de las galletas Birba, que tienen la fábrica en la vecina villa de Camprodon.