Montclar, el renacimiento de un pueblo

Este pueblo con encanto del Berguedà tiene una historia curiosa. Después de quedar deshabitado durante los años 40, en 1964 llegó un grupo de excursionistas que decidieron instalarse y empezar su reconstrucción.

Su autenticidad rural y medieval se ha mantenido intacta. La gracia reside en la disposición de su núcleo antiguo: unas veinte casas de los siglos XVII y XVIII rodean la plaza donde se encuentra la iglesia parroquial y una casa señorial conocida como el Castell.

En el interior de la iglesia de Sant Martí de Montclar, de estilo románico y construida el siglo XII, se conservan dos retablos barrocos y otro neoclásico que merecen una visita. Otra joya arquitectónica de este pueblo de origen medieval es la Rectoria, una masía del siglo XVIII con un gran balcón de madera que capta la atención del visitante.

Uno de los mejores planes para conocer el entorno natural de Montclar, en los Pirineos de Cataluña, es recorrer en bicicleta la ruta que lo conecta con las iglesias de Sant Quintí y Santa Creu. Esta última era una de las propiedades del monasterio de Sant Llorenç, cerca de Bagà. Este templo benedictino del siglo IX es un exponente del románico de alta montaña en Cataluña.

No puedes irte de Montclar sin probar los guisantes negros, típicos del Berguedà, o las patatas enmascaradas, un plato de invierno a base de patatas chafadas y fritas con col y butifarra negra. También puedes aprovechar la visita a este pueblo con encanto para ir a coger setas a los bosques de los alrededores y visitar el Museu d’Art del Bolet de Montmajor.